Fakenews y el tratamiento mediático de la pandemia: los virus del miedo y la ansiedad
Por Rocío Malnis y Josefina López Mallea
La incertidumbre que genera la pandemia por coronavirus se ve agravada por la propagación de fakenews en redes sociales y la permanente exaltación temática de los medios tradicionales de comunicación. Para combatirlas, es necesario recordar algunas responsabilidades (y trampas) de ser "prosumidores" en una cultura de la conectividad.
Habitamos un ecosistema conectivo, donde conviven los medios tradicionales y los medios sociales provenientes de Internet. Ambos tipos se interrelacionan constantemente y están atravesados por propios sistemas de poder, acrecientan una era de postverdad (*1) y acentúan las sensaciones de miedo y ansiedad que si bien no son tan nuevas, hoy la pandemia pone sobre la mesa.
No es nuevo decir que los medios tradicionales de comunicación (radio, televisión, diarios) tienen intereses económicos, políticos y sociales que permanentemente se ponen en juego en sus producciones y discursos. Los medios masivos conciben a sus audiencias como meros consumidores y su objetivo oculto (al fin y al cabo) es vendernos sus productos. Como plantea Neil Strauss en "La era del miedo" ya no buscamos las noticias, ellas vienen a nosotrxs. Y el miedo no sólo vende millones sino que también es manipulable con la ansiedad.
El tratamiento de los medios tradicionales acerca de la pandemia resulta en ocasiones contraproducentes cuando nos ponen innecesariamente en un estado de alarma permanente, provocado por la ansiedad que ellos mismos muchas veces generan. Si bien miedo y ansiedad van de la mano, el miedo ‘es una reacción a una amenaza presente’. En cambio, la ansiedad es una respuesta más compleja y mucho más manipulable ante algo que nos anticipa ‘que puede ser una amenaza a futuro’. Ejemplo de estos casos pueden ser las placas de "urgente" (y demás efectos audiovisuales) en todas las noticias referidas a la pandemia o bien cuando propagan un miedo a lxs otrxs como “potenciales focos de contagio”. Esto último no es algo nuevo en los medios masivos de comunicación: siempre han construído a los grupos oprimidos como el “peligro” y si bien hoy lo podemos ser cualquiera de nosotrxs, crecen los comentarios xenófobos y racistas que lo único que generan es ensanchar las desigualdades sociales.
Tal como sostiene Strauss, todas las emociones (y el miedo especialmente), llevan a la gente a un estado de alarma y nos pone radicales acerca de nuestras creencias. Esta idea se ve perfectamente reflejada en la actualidad pandémica que estamos atravesando: el miedo al otrx, la paranoia y el escrache a pacientes COVID-19 positivo parecen haberse apoderado del sistema social. Y es importante agregar que no sólo los medios tradicionales venden emociones, las redes sociales también. Por ende, estas situaciones se replican en las mismas.
La web 2.0, la cultura de la conectividad y el capitalismo cibernético nos invitan a que en nuestros perfiles de redes sociales y servicios de mensajería compartamos los más diversos contenidos: desde fotografías y videos personales, hasta recompartir material de otros perfiles o páginas. Esto puede llevar a que diversas personas difundan no sólo materiales de fuentes no oficiales, sino también a la propagación de fakenews. Y es aquí cuando el concepto de prosumidor (*2) se vuelve un arma de doble filo, sumado si tenemos en cuenta la estructura algorítmica que sostiene a la web en general y a las redes sociales en particular.
Las noticias falsas son un fenómeno de la era post-hechos o era de la postverdad. En los últimos años se ha vuelto más fácil difundir información falsa en Internet. Y la pandemia por coronavirus no fue la excepción. Incluso el mismo Presidente de la Nación, Alberto Fernández, el pasado 12 de marzo en una entrevista citó a una fakenews respecto al tratamiento de la enfermedad con el consumo de bebidas calientes, mito que fue desmentido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Expertos en fakenews y corroboradores de noticias advierten que es necesario chequear siempre las fuentes de lo que compartimos, aunque las personas somos más propensas a creer en los hechos que confirman nuestras opiniones o preconceptos. Y lamentablemente, la comprobación de los hechos no llega a aquellos que más lo necesitan ya que la misma ‘funciona en aquellxs que quiere que funcione’.
Tanto medios tradicionales y redes sociales se caracterizan por la inmediatez en compartir y ganar la primicia. Y esta misma inmediatez ‘hace que las noticias se sientan más cargadas emocionalmente’ ya que se genera ‘una falsa sensación de estar involucradxs’. Esto puede ser doblemente dañino si lo que se comparten son noticias falsas. La responsabilidad para lxs prosumidores resulta doble. Por un lado, es necesario separar las amenazas reales de las que son fabricadas. Y por otro, corroborar que lo que compartamos sean datos reales o de fuentes oficiales. Y así, en palabras de Strauss ‘encontrar un equilibrio en el que no estemos y tan asustadxs como para tomar malas decisiones que nos afecten,pero tampoco estar distraídxs y no hacer nada para protegernos’.
En conclusión, el tratamiento mediático de la pandemia y las fakenews parecen acrecentar el miedo y la ansiedad entre nosotrxs. El modo en que las noticias se reportan y reciben sin un chequeo de veracidad genera que la gente no se informe sino que se la desinforme. Como bien decía nuestro querido profesor, el filósofo Omar Gais, ‘informarse cansa’ porque la información se mide y se vale en el plano de la acción y organización.Y hoy consumimos la información verdadera ‘en dosis homeopáticas’.
Notas:
*1: Por postverdad entendemos a 'lo relativo a las circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos a la hora de modelar la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal'. En próximos artículos lo abordaremos y trabajaremos de manera específica.
*2: El concepto de prosumidor (prosumer en inglés) nace de la fusión original de los conceptos consumidor y productor, haciendo referencias a lxs usuarixs hoy no sólo tienen la capacidad de consumir contenidos, sino también de producir los mismos y/o aportar opiniones o ideas. Esta idea resulta ingenua si no tenemos en cuenta la estructura algorítmica de la web o los sistemas de poder de los medios tradicionales.
Bibliografía:
NEIL STRAUSS (2016). La era del miedo. En Revista Rolling Stone, Año 19, n° 225, diciembre 2016. Buenos Aires.
MOLDES, GERMÁN (2016). La posverdad. Artículo recuperado de: https://www.perfil.com/noticias/elobservador/la-posverdad.phtml
ANNE APPELBAUM (2016). Fact-checking in a ‘post-fact world’. The Washington Post, May 19.
Comentarios
Publicar un comentario