¿La virtualidad de la erotización o la erotización de la virtualidad? El deseo sexual en tiempos de cuarentena y sexting

Por Josefina López Mallea y Rocío Malnis


‘La cuarentena me ha hecho hacer cosas sexuales que ni en pedo haría normalmente’, ‘todo el histeriqueo comenzó por un sticker de “send nudes” en WhatsApp’, ‘enviarnos fotos subidas de tono es una manera de mantener viva la relación y más en cuarentena’, entre otras confesiones, son algunas de las frases que empezaron a resonar estos días de aislamiento social obligatorio. Las mismas sirvieron de disparadores para pensar (y repensar) las relaciones entre el erotismo y la virtualidad, que vienen dándose desde la aparición de los smartphones y de la web 2.0. Por ello, realizamos una encuesta virtual sobre sexting a 42 personas de toda la provincia, entre los 18 y 40 años de edad, y llevamos a cabo entrevistas en profundidad a 4 nativxs digitales protagonistas de estas vivencias.

Desde que habitamos una cultura de la conectividad, trasladamos muchas prácticas sociales y afectivas a la web. Un claro ejemplo son las redes sociales y servicios de mensajería, herramientas virtuales que utilizamos para comunicarnos con nuestros contactos socioafectivos. La mayoría de ellas tienen la posibilidad de envío de fotos,vídeos y audios que varixs de nosotrxs utilizamos habitualmente para la difusión de diverso contenido.

La producción y recepción de material fotográfico y/o audiovisual propio es una práctica bastante común, sobre todo entre lxs nativxs digitales. Ellxs también son los principales productorxs y receptorxs de "nudes": de hecho, un 66,9% de lxs encuestadxs había enviado fotografías eróticas propias antes de la cuarentena, mientras que un 33,3% dijo llevar a cabo la práctica de envío y recepción de nudes con sus vínculos sexoafectivos muy frecuentemente. No importa el tipo de relación: novix, esposx, chongx, amigx... el envió de fotos desnudxs y el "subir la temperatura" por chats es ya un hábito virtual. Y la cuarentena obligatoria por COVID-19 parece haber incrementado la práctica o, al menos, resignificarla.

Desde hace años, diversxs científicxs sociales provenientes de diferentes disciplinas vienen analizando al sexting, entre ellxs, destacamos a la docente e investigadora Valentina Arias. Licenciada en Comunicación Social y ‘doctoranda’ de CONICET en Ciencias Sociales, Arias explica en diversos artículos científicos y académicos que la palabra sexting se forma “por la contracción de las palabras sex (sexo) y texting (enviar mensaje de texto)”. Dicho neologismo comprende una serie de rasgos particulares, que hacen que esta práctica no sea tan nueva entre nosotrxs, ellos son: “el contenido se basa en fotos (o videos de corta duración) de carácter erótico”; “la imagen siempre es el rasgo central”, “es obtenida de manera voluntaria por el emisor” y “generalmente es tomada por el/ella/elle mismx en soledad”; y es “el dispositivo tecnológico un elemento indispensable para la realización de la práctica, siendo usados habitualmente los teléfonos inteligentes”. 

Si bien el sexting es una práctica erótica y virtual que viene siendo realizada por individuxs hace tiempo, ¿qué sucede con el erotismo y la virtualidad en cuarentena? Para responder a dicho interrogante, debemos entender el actual contexto de pandemia en el cual nos encontramos inmersos en la Argentina y en varias naciones más del resto del mundo. El aislamiento social, preventivo y obligatorio fue establecido en nuestro país por Alberto Fernández, presidente de la nación, en el Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) 297/2020. Y, posteriormente, extendido en dos ocasiones (por el momento) hasta el día 26 de abril debido a la velocidad en el agravamiento de la situación epidemiológica a escala internacional. Esta cuarentena obligatoria significó un cambio en nuestras rutinas y en nuestras actividades sociales, entre ellas, se vieron modificadas las actividades con nuestros vínculos sexoafectivos, especialmente en aquellxs que no conviven juntxs. 

‘Extraño demasiado a mi novia, en todos los sentidos: desde el mate en el parque, hasta las noches juntas...pero bueno, hay que cumplir la cuarentena. Y además, la tecnología hoy por hoy nos facilita otro contacto. Obviamente, no es lo mismo que el “cara a cara”. Pero se hace lo que se puede’, afirma entre risas la entrevistada 1. La misma está hace 2 años en una relación monogámica formal y sostuvo en reiteradas ocasiones que el envío de ‘fotos subidas de tono es una manera de mantener viva la relación y más en cuarentena’ ya que con su novia no están realizando el aislamiento social juntas. Por su parte, la entrevistada número 2, quien actualmente se encuentra soltera y conociendo a alguien, expresó: la cuarentena me ha hecho hacer cosas sexuales que ni en pedo haría normalmente. Yo estaba conociendo a un pibe antes de toda esta locura. Hace unos meses que estamos saliendo, tampoco es que está la re confianza. Y de repente empezó todo el histeriqueo por un sticker de “send nudes” en WhatsApp y me ví encerrada en el baño sacándome una foto semidesnuda por primera vez. Dichas experiencias son propias de una cultura mediática, que ha generado que cada vez más traslademos nuestras actividades y experiencias a la virtualidad, siendo los dispositivos agentes centrales en estas resignificaciones sociales y afectivas.

Sin embargo, las afirmaciones de lxs entrevistadxs nos hacen replantearnos los límites de la virtualidad y de la importancia de la corporalidad en nuestras relaciones y prácticas sociales, sobre todo en los vínculos sexoafectivos. Y por otra parte, nos obliga a repreguntarnos en un contexto de pandemia, incertidumbre y virtualidad, cuáles están siendo las resignificaciones de estas prácticas. Las respuestas a la encuesta y fragmentos de los testimonios de las entrevistas podrían dar luz a dichas cuestiones que están comenzando a aparecer por el aislamiento social obligatorio. 

Retomando algunos de los resultados que arrojaron los instrumentos de recolección de datos, el 66,7% de lxs encuestadxs está realizando la cuarentena obligatoria con su núcleo familiar, alejadxs de su/s relación/es sexoafectiva/s. Teniendo en cuenta esta distancia con los mismos, no debería extrañarnos que el 55,3% haya enviado y recibido nudes, que un 7,3% haya recibido pero no enviado este contenido y que un 2,4% haya enviado fotografías eróticas propias pero no recibido. El sexting en la actualidad pandémica aparece, aparentemente, como una estrategia de resistencia y de incentivo a la pasión sexual en estos vínculos. Y hablamos de vínculos en plural porque en cuanto a las situaciones sexoafectivas de lxs encuestadxs, la mayoría (33,3%) definiría a la misma como una relación formal y monogámica, mientras que un 16,7% se encuentra en una relación formal y abierta y un 14,3% se identifica como solterx pero conociendo a una sólo persona. 

En cuanto a los canales de comunicación que lxs encuestadxs utilizan con su/s respectivo/s vínculo/s sexoafectivos, 41 respondieron que WhatsApp es su canal predilecto para contactarse (97,6%), mientras que le siguen los mensajes directos de Instagram (64,3%) y las llamadas telefónicas (35,7%). Que un medio de mensajería web como lo es WhatsApp y una red social tan visual como lo es Instagram sean dos de los canales más utilizados podría significar varias cuestiones. La primera y más evidente, es que son los canales y redes sociales predilectos de lxs nativxs digitales ya que ambas permiten el envío de imágenes, videos y audios. O que los mismos podrían comenzar a ser, en caso de que la cuarentena se siga extendiendo, los principales (y únicos) medios eróticos para estas relaciones.

En conclusión, prácticas como el sexting y envío de nudes (que datan ya de varios años de existencia) parecen transformarse hoy en día en las únicas prácticas eróticas de quienes realizan el aislamiento obligatorio lejos de sus vínculos sexoafectivos. Si bien es muy reciente plantear hipótesis sobre qué sucederá en un contexto dominado por la incertidumbre, parece ser que el sexting, el erotismo y la virtualidad irán ocupando un lugar central en la vida sexual e íntima de estos vínculos. Sin embargo, la corporalidad sigue siendo una necesidad de todxs y estas experiencias virtuales no están a la altura de la misma.

Bibliografía:


VAN DIJCK, JOSÉ (2016). La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires: Siglo XX



ARIAS, VALENTINA (2016). Sexualidad y virtualidad: algunas coordenadas para pensar el fenómeno del sexting desde el psicoanálisis. En: Proyecto de investigación: Un análisis de nuevas prácticas de exhibición sexual de los jóvenes de la ciudad de Mendoza a través de los medios digitales. Tesis de doctorado en Ciencias Sociales. Mendoza: FCPYS, UNCUYO

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