Las subjetividades neoliberales y el principio de popularidad en cuarentena: lxs empresarixs de sí mismo en busca de la gustabilidad

Por Rocío Malnis y Josefina López Mallea


Hace años habitamos una cultura de la conectividad. La misma, según Van Dijck (2016) posee tres características fundamentales: mundo online/offline cada vez más interrelacionados porque estamos inmersos en un ecosistema mediático y la red condiciona cada vez más nuestra vida y viceversa; los límites entre lo corporativo, lo privado y lo público son cada vez más difusos; y la cultura de la conectividad posee rasgos neoliberales. 

Respecto a este último rasgo que menciona la autora, creemos que en este contexto de confinamiento se ha vuelto evidente cómo nuestras relaciones sociales se han cuantificado y se rigen bajo un régimen neoliberal que afecta la totalidad de las interacciones, donde el denominado “principio de popularidad” se vuelve presente.

Para Van Dijck, en la actualidad las plataformas y las prácticas sociales se van construyendo y reconstruyendo mutuamente. Esta autora neerlandesa afirma que la socialidad online tiene una relación directa con lo que ella denomina principio de popularidad, un valor cuantificable que en la práctica virtual se basa en la siguiente premisa: cuantos más contactos (o me gustas) tenga y establezca un individuo, más valioso resultará. Es decir, que mientras más seguidores, amigos, me gustas, favoritos y demás variables algorítmicas tenga una persona, mayormente será considerada “popular” por lxs demás. Entonces, la “gustabilidad” de las redes sociales termina siendo el resultado de un cálculo algorítmico y cuantitativo derivado de la cantidad de likes o demás funciones, según la red social en cuestión. De esta forma, la popularidad se vuelve un valor cuantificable y manipulable, características neoliberales por naturaleza.

A la vez, esta gustabilidad en redes impacta directamente en  nuestro accionar demostrando así que lo online y offline van de la mano. Al contenido de nuestras redes lo producimos de manera consciente e intencionalmente para gustar. Subimos fotos, videos, estados, etc que creemos que van a tener una respuesta positiva porque ya han pasado por el filtro que nosotrxs hemos puesto: si nos vemos bien, si es interesante, si va a generar una connotación eufórica, y demás evaluaciones que nos imponemos. 

La subida de contenido en redes sociales ha aumentado considerablemente durante la cuarentena. YpuGov, firma internacional de investigación de mercados y análisis de datos en Internet, precisa que “el 86% de los consumidores a nivel global han cambiado su comportamiento por el Coronavirus”. Una de las prácticas que se modificó por un notable incremento es la subida de contenido personal o propio a las redes sociales. Sin embargo, no cualquier contenido es “compartible”: lxs usuarixs tenemos una serie de pautas personales de qué material subir y a qué red social. Estos criterios se basan precisamente en la futura gustabilidad (o no) de lo que vayamos a compartir virtualmente. Y en cuarentena, este criterio ha sido modificado por una nueva variable: la productividad. Es decir, demostrar que estamos haciendo cosas importantes, valiosas e interesantes para nosotrxs y para nuestra imagen “aprovechando la gran cantidad de tiempo libre” que supuestamente tenemos. Sin embargo, en la primera encuesta realizada, un 56,5% dijo percibir que su tiempo libre había disminuido. Esto nos hace pensar que es una fuerte posibilidad que la causa principal de esta percepción puede ser el aumento en el uso de los dispositivos. Y gran parte de este aumento de uso, puede ser por el crecimiento en la subida y producción de contenidos propios en nuestros perfiles de RRSS.

La idea de “vender” determinada imagen de nosotrxs mismxs se deja entrever en que lxs usuarixs subimos contenidos a Facebook, Instagram o Twitter donde mostramos o demostramos nuestra productividad en cuarentena. Pareciera que implícitamente se encuentra en nosotrxs el deseo de presentar una imagen deseable, exitosa y hasta envidiable para nuestrxs pares, participando del concurso “a ver quién es más productivo durante el confinamiento”. Guiados por la lógica del principio de popularidad y por las características de la subjetividad neoliberal, vendemos una imagen de nosotrxs mismxs a nuestro entorno virtual.

El filósofo y ensayista surcoreano Byung-Chul Han plantea en su libro “Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder” que nos auto-explotamos, creyendo que somos libres, no dándonos cuenta que esta libertad al no tener límites resulta siendo más coercitiva que el deber hacer; y terminamos funcionando bajo los criterios de la empresa. La empresa de sí mismx se nos presenta en cuarentena como el lugar donde lxs individuxs tenemos la posibilidad de alcanzar la plenitud, el éxito e incluso la felicidad y la realización personal. 

Estos ideales de lógica empresarial no podrían tener la efectividad que tienen de no ser por las subjetividades que moldea diariamente el sistema neoliberal para así poder fabricar sujetos óptimos, deseables y productivos según sus lógicas. Y por ello, los valores de lxs sujetxs neoliberales se reproducen en diversas formas discursivas propagandísticas en los contenidos de lo que subimos. Si bien esta situación se evidencia e incrementa durante el confinamiento por la pandemia de COVID-19, hace tiempo venimos subiendo a las redes sociales contenido que tengan una correlación con nuestras “marcas” personales y con la imagen que queremos que lxs demás tengan de nosotrxs.

Cabe replantearnos si realmente la productividad y explotación de nosotrxs mismxs es necesaria (especialmente durante el confinamiento). También creemos que resulta conveniente preguntarnos cómo el efecto placebo de los “me gusta” se mantiene en el tiempo que puede durar la pandemia o cómo se modificará si la misma termina.

Bibliografía
HAN, Byung-Chul (2014). Psicopolítica: Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Barcelona: Editorial Herder.

VAN DIJCK, José (2016). La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

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