La virtualización de la educación en otras partes del mundo: entrevista a Abelardo Almazán Vázquez y a Mollie Montague

Por Rocío Malnis y Josefina López Mallea

Como ya hemos mencionado, a raíz de la pandemia por COVID-19, el confinamiento trajo aparejado una serie de cambios en diferentes actividades de la vida social. Una de las grandes aristas que sufrió importantes transformaciones es la educación. Esta compleja virtualización del proceso enseñanza/aprendizaje se vivió en diversos países del mundo, entre ellos Estados Unidos. A pesar del desarrollo técnico y tecnológico de este país, las desigualdades estructurales de su sistema han provocado una serie de dificultades en sus protagonistas, quienes además están presenciando la caída del “sueño americano”. Por ello, les compartimos los testimonios en primera persona de Abelardo Almazán Vázquez y Mollie Montague. 

Abelardo Almazán Vázquez y la docencia como espacio de encuentro de realidades

Abelardo es docente de una comunidad rural del estado de Vermont. Proviene de Cuernavaca, Morelos (México) y se dedica a la docencia hace 17 años, desde que reside en Estados Unidos. Como docente latino se encarga de la enseñanza del español como segunda lengua. Sin embargo, su contenido es “bien cultural” ya que su enfoque no está en la gramática en sí, sino en enseñar contenido cultural de voces que “no son escuchadas, especialmente la de mujeres, indígenas, comunidades que no son eurocéntricas y de grupos que aquí en los Estados Unidos o en Latinoamérica no tienen esa representación”. 

Abelardo reconoce que el contexto en el cual vive y desarrolla su labor docente es “increíblemente privilegiado” ya que trabaja en una zona rural de Vermont, “sirviendo mayormente a estudiantes catalogados en una elite económica que es muy característica de las escuelas residenciales del noreste de Estados Unidos”. Además detecta que su experiencia “no es la experiencia de las escuelas públicas o privadas de otras partes de EE.UU, donde la muestra poblacional es más heterogénea que donde estoy”. La zona rural en la cual Abelardo dicta clases se caracteriza demográficamente por el predominio de una “raza blanca caucásica, y de un 5% (aproximadamente) de diversidad racial”.

A continuación, les compartimos esta jugosa entrevista para repensar y abordar la virtualización de la educación a escala mundial:

- Abelardo nos gustaría saber tu opinión respecto a la virtualización de la educación y cómo viven esta transformación a nivel enseñanza/aprendizaje allí.

La virtualización de la educación fue una forma, desde mi punto de vista, muy abrupta de denostar la inequidad y la disparidad socioeconómica en varios sentidos. Por ejemplo, mi escuela (aunque sea privada y de clase alta) demostró lo poco preparades que estábamos para atender la necesidad de las clases remotas. Muchos profes estaban preparados para navegar esas aguas sin dificultad alguna. Pero otros, de más trayectoria y con clases más enfocadas en el "aprender haciendo", no tuvieron ni el tiempo ni el apoyo para hacer la mudanza al aula virtual.

Ahora bien, esto fue Vermont, pero en el resto del país, se vieron las inequidades y desigualdades en ver quiénes tenían un WiFi y una banda ancha lo suficientemente fuerte para tener llamadas en Zoom o Google Meet. Hubo un fallo monumental en no anticipar que en una casa habían hasta 4 o 5 personas usando los datos y la red de WiFi al mismo tiempo, provocando frustraciones tanto del estudiante como del docente en varios momentos.

La situación orilló a varios colegas a buscar auxilio más allá de lo que su distrito/jefatura de departamento pudieran hacer. Por ejemplo, se empezó a cuestionar si las escuelas estaban dispuestas a pagar los planes de Internet para agilizarse, si estaban dispuestas a pagar tabletas electrónicas, o a que pidieran a las compañías de Internet que se cancelaran los servicios por tiempo indefinido. Desafortunadamente no ocurrió en la mayoría de los casos, lo que exacerbó el descontento en todos los niveles.

- ¿Qué estrategias pedagógicas/institucionales/educacionales adoptaron?

Una forma de navegar estas aguas fue la votación de reducir las clases sincronizadas y buscar que las clases fueran más orientadas hacia el "Project Based Learning", el cual, funcionó en algunos lugares. Pero en otros resultó en un fracaso, especialmente en distritos escolares donde dependían demasiado de los exámenes estandarizados y en las calificaciones/notas.

Eso fue también un tema muy caliente entre educadores: ¿cómo era posible que diéramos calificaciones en medio de una pandemia? ¿Cómo era posible que un profe, desde casa, atendiendo las necesidades de sus hijes, de su pareja, pudiera tener la "cabeza fría" para poder asignar una nota a un estudiante, sin considerar la situación familiar, social, económica, y racial? Muchos distritos optaron por la opción "Pass/Fail", pero en caso de que el estudiante reprobara... ¿cómo saber las razones del porqué sin saber su historia, su experiencia, sus frustraciones, sus miedos, sus ansiedades? Eso, en niveles de bachillerato y universidad, a nivel primaria, no tengo mucha información al respecto, pero sé que ahí también están candentes las cosas.

- ¿Cuál es tu opinión respecto a cómo la virtualización afecta el lazo profesor/estudiantes, que va más allá de lo estrictamente académico?

Hoy la situación está difícil por varias razones. Me parece que lo más importante es ver esa desconexión que existe de muchos profesores que no saben cómo son las dinámicas familiares en casa de sus estudiantes. Y cuando digo eso, es que no se ponen a pensar en que, por ejemplo, los niveles de estrés de muchos estudiantes crecieron demasiado. Habían muchos padres de familia que estaban haciendo los trabajos esenciales. Eso hacía, lógicamente, que el estudiante no estuviera concentrado o no estuviera al 100 a la hora de hacer una clase remota. Una historia que puedo compartir es la de un estudiante, que su mamá es enfermera y estaba en el frente de batalla con el coronavirus. Y estaban siempre con la precaución de que no se fuera a infectar o no se fuera a contagiar. Entonces, como muchos otros trabajos, estaban dentro de ese rango: habían muchos padres que tenían que trabajar, que tenían que hacer la labor que eran parte del marco de los trabajos esenciales. Ahí los niveles de estrés subieron tanto que el profesorado, el grupo de docentes que conozco, tuvieron que ser compresivos. Pero otros, no lo fueron tanto. Eso es uno de los errores más grandes: no haber anticipado el nivel emocional o la labor de ver más allá de lo que la computadora o la pantalla estuviera mostrando en su momento.

Otra cosa que también afectó mucho es que hubo muchos estudiantes que no querían mostrarse en cámara, pero no porque no quisieran estar presentes sino por la disforia (de género). Tengo muchos estudiantes en el proceso de convertirse en personas trans. Son estudiantes no binarios y a esos estudiantes, al menos en la clase de español, les doy la alternativa de que no se sientan que estoy formando un espectro binario de un él o una ella. Pero eso no fue suficiente en estos días. Yo creo que afecta bastante que muchos profesores fallaron en ver de que hay una disforia. Hay un descontento de parte de une adolescente (hombre, mujer, cisgénero, hetero o no binario) cuando se ven en la cámara de una computadora. Creo que eso afectó muchísimo.


Mollie Montague y el desafío de la virtualización de la educación en el doble rol de estudiante/mentora

Mollie es graduada de Bachelor of Arts in Spanish (Bachillerato en Artes en español) y Sociology (Sociología), y actualmente se está preparando para la posibilidad de ingresar a la Escuela de Leyes. Su gran habilidad con el idioma español le permitió realizar intercambios en Ecuador, España y Argentina. En nuestro país, eligió realizar su intercambio en la Universidad Nacional de Cuyo, donde tuvimos el honor de conocerla y cursar juntas la materia “Ideas Políticas y Sociales Americanas” (IPySA). 

Mollie reconoce su privilegio de ser blanca en un país con estructuras racistas y clasistas evidentes, y empatiza, acompaña y ayuda a lxs menos privilegiadxs. Es parte de “Educación para nuestro futuro” (Edufuturo), una organización sin fines de lucro del norte del estado de Virginia. Dicha ONG trabaja con inmigrantes de diferentes nacionalidades, pero mayoritariamente con latinoamericanxs. 

Mollie se desarrolla en dicha ONG como facilitadora de los programas de jóvenes y adultos, a través de una beca en Americorps (un programa nacional y federal de servicio público a cambio de un incentivo económico). Uno de los servicios más importantes de Edufuturo es el de “Líderes emergentes” que trabaja en conjunto con lxs estudiantes latinos. Mollie participa de la fase dos de este programa, donde se acompaña a lxs estudiantes de último año de la escuela secundaria a ingresar y postularse a la universidad.

El sistema de ingreso universitario estadounidense está lleno de dificultades para lxs inmigrantes, racializadxs y para aquellxs que no tienen los recursos socioeconómicos para postularse. Este programa busca a través de la ayuda de mentores y tutores acortar la brecha de desigualdad que sobrecaracteriza a dicho país. 

A continuación, adjuntamos el testimonio de Mollie (estudiante y mentora) respecto al proceso enseñanza/aprendizaje a raíz de la pandemia por coronavirus:

- ¿Cómo están viviendo la virtualización de la educación y cómo están sintiendo esta transformación a nivel enseñanza/aprendizaje en el programa? ¿Qué estrategias pedagógicas/institucionales/educacionales adoptaron?

Lo que yo me he dado cuenta al trabajar con mis estudiantes es que necesito hacer mucho más esfuerzo porque no tienen ganas de hacer muchas tareas. Cuesta que en las mañanas salgan de sus camas, cuesta que quieran completar una evaluación o hacer una actividad solos. Yo tengo que dar “premios”, algo extra, para que participen. Ellos son estudiantes de la escuela pública.

También como estudiante me preocupa sobre el acceso a Internet y a las computadoras. Aquí donde vivo, afuera de la capital y afuera de la ciudad, hay bastantes recursos. Todos los condados dan a sus estudiantes una laptop, una computadora, una tablet. Cada hogar en la mayoría de los condados y pueblos, si tienen un niño, tienen alguna herramienta tecnológica. ¿Pero qué pasa si una persona tiene que volver todos los días a su casa y no tiene acceso a clases o necesitan ir a trabajar porque sus padres no pueden? Eso es algo que he enfrentado y he estado pensando. Por ser blanca, tengo el privilegio de aprender y no experimentar el racismo y la desigualdad.





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