La vinculación afectiva en cuarentena: nuevas (y no tan nuevas) formas de relacionarnos

Por Rocío Malnis y Josefina López Mallea

En un contexto pandémico, el aislamiento obligatorio impuesto por decenas de gobiernos de todo el mundo ha acrecentado los procesos de descorporalización y virtualización de nuestros vínculos. La cuarentena parece visibilizar formas nuevas y no tan nuevas de vinculación en diferentes aspectos de la vida de las personas.

Estos procesos ya venían apropiándose de las vidas diarias de las personas, algunxs autorxs enmarcan este fenómeno en la llamada “cultura mediática” o “cultura de la conectividad”, términos que aluden al mismo conjunto de procesos socioculturales dados en el capitalismo cibernético. 

María Cristina Mata define a la cultura mediática no sólo como un estadio más avanzado en el intercambio de productos culturales, sino que constituye un nuevo modo en el diseño de las interacciones, una nueva forma de estructuración de las prácticas sociales, marcada por la existencia de los medios. En este sentido, nos plantea la necesidad de reconocer que es el proceso colectivo de producción de significados a través del cual un orden social se comprende, se comunica, se reproduce y se transforma, el que se ha rediseñado a partir de la existencia de las tecnologías y medios de producción y transmisión de información y la necesidad de reconocer que esa transformación no es uniforme.

El concepto de cultura de la conectividad es planteado por la autora neerlandesa José van Dijck, en su libro homólogo “La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales”. Van Dijck considera que en esta nueva cultura donde redes sociales ocupan un lugar central, los consumidores nos vemos atraídos y atrapados dentro de un flujo algoritmo programado. Los algoritmos que promueven la intervinculación que no sólo aseguran “una experiencia online sin fricciones”, también hacen que esa experiencia sea manipulable y vendible.

Estas nociones, planteadas hace ya varios años, dan cuenta de un cambio a nivel teórico que remite a un modo de pensar que pone de manifiesto la necesidad de recuperar la materialidad de los procesos significantes o, si se quiere, de reponer la centralidad de los medios en el análisis cultural pero no ya en su carácter de transportadores de algún sentido añadido -los mensajes- o como espacios de interacción de productores y receptores, sino en tanto marca, modelo, matriz, racionalidad productora y organizadora de sentido.

Los medios sociales vienen condicionando nuevas formas de relacionarnos con nuestros entornos: ya sea para comunicarnos con compañeros de trabajo, con lo referido al estudio, en las familias y demás vínculos afectivos, las redes parecen estar siempre presentes. Las situaciones vinculares virtualizadas vienen siendo de lo más variadas. Utilizamos los dispositivos para saber de alguien, para ponernos al día con quienes no teníamos tiempo de vernos, comprar, hacer avisos, invitaciones a eventos, etc (y la lista podría ser infinita porque habitamos esta cultura de la conectividad).

Si bien la conectividad y la virtualización no son fenómenos nuevos, creemos que en el presente contexto pandémico por COVID-19, se estableció no sólo un aislamiento obligatorio sino que también una “virtualización obligatoria y casi total” con y en nuestros entornos. Antes de la pandemia, las prácticas virtuales que manteníamos con nuestros vínculos podían tener una corta o larga duración, pero casi siempre giraban en torno de saber que en algún momento iba a darse la corporalidad: los cuerpos se iban a encontrar para conversar, para trabajar, a estudiar, a tener intimidad. Pero, ¿qué pasa ahora con la forma de relacionarnos con nuestros vínculos en un contexto que nos niega la corporalidad? ¿cómo mantenemos a nuestras prácticas sociales en una virtualidad total y obligatoria? 

Una encuesta realizada a 85 personas podría ser un primer acercamiento a responder estos interrogantes. Pero antes de adentrarnos a los resultados y posibles análisis de los mismos, es conveniente definir a la virtualización del cuerpo. Para ello, retomaremos brevemente al autor Pierre Lévy, el cual afirma que cuando una persona, una comunidad o un acto se virtualizan, se colocan ‘fuera de ahí’, es decir, se desterritorializan. Se trata de una especie de ‘‘desconexión que los separa del espacio físico o geográfico ordinario y de la temporalidad del reloj y del calendario’’ (1999:19) . Como bien lo explica el autor, la vinculación con los dispositivos tecnológicos crea un espacio y tiempo individualizado, personalizado, donde por esos instantes, sólo existe la persona y dispositivo, especialmente el celular tal como veremos en la encuesta. 

La misma se realizó a personas de diversos grupos etarios, la mayoría perteneciente a los de entre 19 y 25 años (57,6%) y a los de entre 26 y 30 años (16,5%), cuyos géneros son 83,5% mujeres, un 14,1% varones y un 2,4% no binaries. La mayoría de ellxs (78,8%) está realizando el aislamiento obligatorio con su familia o parte de ella, por lo cual con el resto de sus vínculos han intensificado el uso de medios digitales.

Eric Sadin plantea en su libro ‘La humanidad aumentada’ cómo se ha generado un nuevo tipo de relación con los objetos técnicos, según él “es una relación sin distancias, basada en una familiaridad carnal” (2017: 67). Un claro ejemplo es la relación que en la actualidad las personas encuestadas desarrollan con sus dispositivos personales, sobre todo con los smartphones. Un 90,6% respondió que desde el inicio de la cuarentena su uso de los dispositivos aumentó y esto se debe a que para algunas de sus actividades rutinarias (trabajo, estudio, vínculos afectivos, etc) la virtualización se ha acentuado. Si bien los procesos de descorporalización se vienen produciendo desde el inicio de la cultura de la conectividad, en un contexto de cuarentena se da una descorporalización casi total. Esta última característica conlleva a que un 56,5% de lxs encuestadxs percibiera a que su tiempo libre haya disminuído en las últimas semanas.

Creemos que es importante mencionar que esto puede deberse también a que rápidamente aparecieron mil apps nuevas y/o empezaron a tener muchas más descargas juegos, redes sociales y demás estrategias que buscan hacer sentir “lo más real posible” los momentos de socialización. Algunas de ellas ya existentes en la virtualidad como los videos, fotos y audios, otras menos normales en la vida diaria que tomaron una gran cantidad de atención por parte de los usuarios como las  videollamadas y los juegos online multijugador. Lo cierto es que el 82,4% de las personas consultadas dijo haberse descargado nuevas aplicaciones en el confinamiento: 56,5% Zoom; 52,2% algún juego online; 37,7%Tik Tok y 21,7% alguna aplicación de Google como Drive o Clasroom. La variedad de apps descargadas en el aislamiento tiene que ver con los motivos de que lxs usuarixs al tomar la decisión de descarga: 70% por entretenimiento, 30% por obligatoriedad educativa y 18,6% por pedido de los vínculos. 

Lxs encuestadxs siguen viendo al servicio de mensajería instantánea de Whatsapp como el medio predilecto para comunicarse con sus familiares (82,4%), amigxs (94,1%), vínculo/s sexoafectivo/s (86,4%), con su entorno laboral quienes poseen trabajo (72,9%) y con sus compañerxs de estudio o profesores quienes estén cursando estudios secundarios o universitarios (82,1%). Si bien es el más popular desde hace años, la preferencia evidente por este medio puede deberse a que dicho servicio de mensajería tiene no sólo la opción de chat, sino que también permite la realización de videollamadas y el envío de fotografías, videos, archivos, ubicaciones y contactos.

A la hora de responder qué prácticas lxs usuarixs de redes y demás medios sociales habían aumentado durante el aislamiento obligatorio, videollamadas y juegos se destacan ampliamente en las respuestas. Respecto a las primeras, creemos que el aumento de las mismas tienen que ver con una idea de hacer más presente la corporalidad en diversas actividades sociales. Entre ellas, las conversaciones con nuestros afectos: muchos eran los temas que no compartíamos por mensaje o de manera virtual para esperar ver la reacción de la otra persona, recibir un abrazo, etc. pero hoy por hoy una virtualidad total y obligatoria parece haber trasladado esa sensación de cercanía corporal en las videollamadas. A pesar de la sensación de hacernos sentir cerca de unx otrx, no es en absoluto lo mismo que el encuentro de los cuerpos. Y esto se evidencia aún más en ámbitos como el laboral y el educativo, donde el aumento del teletrabajo y donde la idea de proceso educación/aprendizaje virtual generan y acentúan transformaciones que el capitalismo cibernético viene imponiendo hace años.

Por su parte, una creciente necesidad de ocio durante las semanas de cuarentena llevó a las personas a consumir juegos online, en especial aquellos de multijugadores online en los que se puede jugar con/contra conocidxs. El 52,2% por ciento de lxs entrevistadxs afirmaron haber bajado alguna aplicación de juegos. ¿A qué se debe esto? Creemos que, por un lado, parece tener que ver con estrategias para mantenerse entretenidxs o activxs 24/7, aunque la segunda razón aparente es que la mayoría de las personas las usan y sirven para mantenerse en contacto con sus afectos y no ‘quedar fuera’. Al estar tanto tiempo en nuestras casas, sin poder reunirnos, con nuestros seres queridos hemos buscado maneras de realizar otras actividades juntxs que no sea simplemente hablar. Parece que jugar y desafiarse por internet ya no es una actividad propia del mundo gammer, sino que está transformándose en una forma cotidiana (y novedosa para muchxs) para vincularnos con amigxs, familiares, etc quizás porque nos hace sentir una cercanía diferente, pasar un momento de distencion juntxs en plataformas que además permiten chatear o hablar con les otres, obteniendo una “experiencia completa” similar (pero no igual)  a la corporal. 

Algunas conclusiones:
El trabajo realizado en el presente artículo es un primer acercamiento a la realidad vincular de la cuarentena, buscando conocer los procesos de socialidad y virtualidad en las primeras semanas. Sin dudas el aumento de una aparente necesidad de ocio y la obligatoriedad de quedarse en casa, han incrementado el proceso de descorporalización que venimos experimentando en esta cultura de la conectividad, siendo cada vez más las actividades que se han trasladado a la web 2.0. El aumento del tiempo de uso de los dispositivos tecnológicos y el descenso de tiempo libre de las personas durante el aislamiento parecen dar cuenta de eso. 

Las formas que han adoptado lxs encuestadxs son variadas, pero la mayoría apuntan al mismo objetivo: seguir conectadxs con las demás personas y con sus entornos habituales. Esto último parece ser lo primordial en cuanto a los vínculxs con lxs otrxs, al menos en este primer momento del confinamiento. Es importante destacar que creemos que esta vinculación virtual y las respectivas relaciones de las personas con sus dispositivos irán cambiando  y reformulándose con el pasar de los días, quizás aumentando si las medidas se mantienen.

En este sentido, podemos decir que la costumbre conectiva se apoderó de nuestras rutinas, más de lo que estábamos acostumbrados. Nos vemos escribiéndonos todos los días con las personas que antes nos relacionabamos cara a cara, nos encontramos teletrabajando, nos topamos estudiando a la distancia. De repente, la cultura de la conectividad se hizo omnipresente y la cotidianidad se trasladó a los dispositivos tecnológicos casi por completo: parecido a  un fin de semana o a un viaje donde no podíamos juntarnos con las personas que queremos, pero el contacto no se perdía ya que se mantenía de manera virtual. Sin embargo, la falta de corporalidad y la virtualidad obligatoria nos hacen preguntarnos (y repreguntarnos) sobre nuestros vínculos, sobre nuestra necesidad de actividades presenciales, del aspecto político de los cuerpos, y demás aspectos que creemos esenciales.

En esta cultura mediática en contexto de confinamiento, la relación con lxs demás se irá reescribiendo casi semana a semana. Seguramente serán más las aplicaciones, programas y redes sociales que irán apareciendo, haciéndonos creer que pueden reemplazar el encuentro de los cuerpos. En este clima de incertidumbre flotante todo cambiará con el transcurso de los días, demostrando una vez más que el capitalismo cibernético se acrecienta y se “transforma” siguiendo las necesidades inmediatas de las personas, intentando reemplazar a la corporalidad y adaptándola para que nosotrxs no dejemos de consumir.


Bibliografía:
MATA, María Cristina (1999).  De la cultura masiva a la cultura mediática. Lima: Revista Diálogos de la comunicación, FELAFACS.


VAN DIJCK, José (2016). La cultura de la conectividad: una historia crítica de las redes sociales. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

LÉVY, Pierre (1999). ¿Qué es lo virtual? Barcelona: Paidós.

SADIN, Eric (2017). La humanidad aumentada: la administración digital del mundo. Buenos Aires: Caja Negra Editora





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