Recibirse en cuarentena: una experiencia en primera persona que evidencia la virtualización de la educación superior
Por Josefina López Mallea y Rocío Malnis
La virtualización de la educación superior y universitaria ya no es nada nuevo. Si bien la cuarentena y la situación de confinamiento han acrecentado (y acelerado) un desplazamiento de actividades relacionadas al proceso enseñanza/aprendizaje, las universidades y algunos IES ya contaban con ciertas estructuras institucionales que propiciaban la virtualidad educativa.
Sin embargo, lo que sí resulta una verdadera novedad para muchas instituciones, es la defensa de tesinas de grados y postgrados, así también como la toma de exámenes finales o prácticas (en el caso de algunas carreras) que transforman a lxs estudiantes en ya graduadxs. En el siguiente artículo, retomaremos algunos testimonios de estudiantes recibidas en cuarentena. Por un lado, entrevistamos a Rocío Salatino, de 25 años, graduada en Ciencias Médicas de la Universidad de Mendoza. Y también tendremos en cuenta la experiencia en primera persona de una de nosotras: Josefina López Mallea, recientemente Licenciada en Comunicación Social de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCUYO. Ambas estudiantes rendimos a través de la plataforma Google Meet, que permite la videollamada en simultáneo entre varias personas y que poco a poco va ganando espacio en el ámbito académico.
Este uso de plataformas no es casual. Habitamos una cultura de la conectividad, donde las virtualizaciones de nuestra vida cotidiana son cada vez más notorias. Muchxs autorxs intentan dar luz sobre estos fenómenos. Pierre Lévy, pensador francés, afirma que cuando una persona, una comunidad o un acto se virtualizan, se colocan “fuera de ahí”, es decir, se “desterritorializan”. Se trata de una especie de “desconexión que los separa del espacio físico o geográfico ordinario y de la temporalidad del reloj y del calendario (1999)”.
En un sentido similar a Lévy, el colectivo francés Tiqqun y el filósofo español Amador Fernández Savater proponen los conceptos de presencia soberana y crisis de la presencia como variables específicas de estos complejos procesos de virtualización y cultura mediática, y que creemos que servirían para entender los sentires que lxs recientemente graduadxs experimentamos. Savater (retomando a Tiqqun) se refiere como presencia soberana a “esta modalidad de ser-en-el-mundo como fortaleza absoluta, separada, sin relación, autosuficiente y autocentrada’’ (2011:106). Estar cada vez más conectadxs a lo virtual, sin importar el motivo, es un indicio de no poder dejarnos llevar por el Bloom en términos de Tiqqun: a esa crisis existencial que nos abruma pero tiene potencial creador si entramos en él. Los dispositivos (y la consiguiente virtualización de nuestras vidas) vienen a llenar la ausencia de Bloom y es por ello que hemos trasladado cada vez más actividades al ámbito virtual.
Una de las actividades que claramente se ha virtualizado (casi complementamente) en este confinamiento ha sido la educación. En las universidades e institutos de educación superior se han dado pasos gigantes al adoptar la forma de examen final virtual y también permitirle a tesistas y estudiantes avanzados la obtención de su título, a pesar de la pandemia. Esta nueva experiencia de rendida significó una serie de cambios importantes no sólo para las instituciones, sino también para lxs alumnxs y para lxs profesores. La ausencia de la corporalidad en estas instancias generó una serie de complejos y diversos sentimientos en sus protagonistas: Rocío y Josefina, recientemente graduadas. A pesar de pertenecer a carreras y universidades diferentes, ambas vivenciamos la extrañeza de rendir de esta manera novedosa.
En mi caso (Josefina), defender la tesina y tener el último examen final de la carrera de manera virtual no estaba en la más remota imaginación en aquella ingresante que hacía el preuniversitario viajando de Tunuyán a Mendoza. Con mi compañera de tesis teníamos mesa presencial para el día 27 de marzo, que lógicamente fue suspendida debido al aislamiento social, preventivo y obligatorio. Y casi dos meses después, rendimos de manera virtual (a través de Google Meet). La mesa fue el día jueves 21 de mayo. Por coincidencias, el fin de semana que siguió al examen, se habilitaron las reuniones familiares en la provincia. Gracias a esta apertura, pudimos compartir con parte de nuestra familia. Con amigxs y compañerxs celebramos de manera virtual. Sin dudas, fue una experiencia cargada de extrañeza y que claramente marcó un hito en la educación superior.
Esta experiencia se llevó a cabo gracias al trabajo en conjunto de profesores, personal administrativo y estudiantes. Desde las facultades, significó la creación de procedimientos, normativas y/o protocolos especiales para estas situaciones particulares. Un claro ejemplo es la FCPyS, de la Universidad Nacional de Cuyo, que tomó esta nueva medida para defensa de tesinas de grado el día 04 de mayo y que comunicó a través de sus diferentes fuentes oficiales días después la decisión.
Algunxs tesistas de esta casa de estudios, como es mi caso (Josefina), ya teníamos mesa prevista antes de la pandemia. Lógicamente la ausencia de corporalidad y el uso de plataformas virtuales significaron cambios en la preparación y en la exposición de la rendida. Para rendir de esta manera, tuvimos que hacer algunas modificaciones a la exposición que habíamos previsto para la primera posible mesa (la de marzo, que no fue por el aislamiento social obligatorio). Y además practicar en la plataforma en conjunto con mi compañera de tesis y con las profesoras que nos acompañaron como directora y coodirectora. Necesitábamos familiarizarnos con la virtualidad de la exposición. Esta situación de “práctica de las plataformas” y de “mesa de consulta”, fue compartida por Rocío Salatino, recientemente graduada de Ciencias Médicas de la Universidad de Mendoza:
“Días previos tuvimos clases de consulta por Google Meet o por Zoom con cada profesor que nos dió esa oportunidad. La verdad que fue raro porque fue más que nada un método de prueba para ver cómo andaban las aplicaciones y cómo nos desenvolvíamos tanto nosotros como los profesores. En mi caso, para esas clases virtuales, tuve que ir a la casa de mis amigas y a una tía. La verdad que fue muy raro estar ahí frente a una computadora escuchando y haciendo las preguntas”.
Rocío rindió su último examen final el día 16 de mayo, luego de tener muchas dudas respecto a rendir de esta manera. En el caso de la Universidad de Mendoza, la Facultad de Ciencias de la Salud resolvió también a través de un protocolo las mesas de exámenes virtuales aproximadamente a mediados de abril. En el mismo se contemplan algunos puntos similares a las otras casas de estudios como lo son la inscripción previa, las actas de examen, las modalidades de examen, etc.
Otra de los grandes alteraciones que ambas experimentamos tiene que ver con la ausencia de lo presencial, que lógicamente sentimos en carne propia en ese momento. Suele ser uno de los días que la mayoría de lxs estudiantes esperamos, no sólo por el hecho de rendir por última vez y “salir con un título”, sino por compartir ese momento con nuestros afectos, ver y escuchar a lxs profesores y sus devoluciones personalmente, habitar la casa de estudios por última vez siendo estudiante. En este sentido, Rocío comparte:
“La verdad que fue muy raro porque estamos acostumbrados a esperar después de rendir la última materia... a que tu familia y todos tus amigos estén esperándote para felicitarte y festejar. En este caso, no pudo ser así. Así que salí de rendir, le conté a mi amiga y después volví a mi casa a festejar y llorar de la emoción con mi mamá y mi tía, que son las personas con las que vivo”.
Por otro lado, el hecho de recibirse también implica el deseo (y la presión) de ingresar al mundo laboral. En este contexto tan particular, nos toca el gran desafío de dar este paso en un contexto de pandemia y aislamiento, que claramente dificulta encontrar un trabajo. Sumado a una fuerte crisis económica a nivel mundial y nacional, que hace para lxs jóvenes muy difícil insertarnos en el campo laboral para el cual nos capacitamos.
En conclusión, la evidente virtualización de la educación superior sigue dando pasos agigantados. Sin embargo, el hecho de recibirnos implica más que la rendida de un examen final o de la defensa oral de una tesina. Abarca una serie de actividades, sentires, ritos y prácticas que lógicamente por su esencia no pueden virtualizarse. Cabe preguntarse, entonces, si la tecnología y conectividad pueden reemplazar en su totalidad a la presencialidad de experiencias únicas como lo son recibirse y si esta nueva modalidad de examen será una de las actividades virtuales educativas que se mantendrán luego de la cuarentena. Para algunxs este hecho tendrá claramente un efecto positivo, para otrxs no tanto.
Bibliografía:
FERNÁNDEZ SAVATER, Amador (2011). Crisis de la presencia: Una lectura de Tiqqun recuperado el 5 de marzo 2018 de https://carnenegra.com/2015/10/03/crisis-de-la-presencia-una-lectura-de-tiqqun/
LÉVY, Pierre (1999). ¿Qué es lo virtual? Barcelona: Paidós.
TIQQUN (2013). La hipótesis cibernética. Recuperado el 28 de mayo de 2020 de http://tiqqunim.blogspot.com.ar/2013/01/la-hipotesis-cibernetica.html

Comentarios
Publicar un comentario