La preocupante virtualización de la educación secundaria y universitaria durante el confinamiento: profesores y estudiantes al borde del colapso

Por Josefina López Mallea y Rocío Malnis



La cuarentena trajo aparejada una serie de cambios en varias aristas de la vida social. Una de las grandes actividades que sufrió modificaciones por la pandemia y el confinamiento es la educación. En la primera encuesta realizada por Zauto Atuzo, un 30% de lxs participantes respondió que había tenido que descargarse nuevas apps y/o herramientas para el cursado virtual. Si bien algunas instituciones decidieron posponer los ciclos lectivos, la mayoría optó por mantener el calendario y “virtualizar” el dictado de clases y las respectivas acciones del proceso enseñanza/aprendizaje. Mientras que las universidades mendocinas contaban con una relativa institucionalización de la virtualización en su sistema educativo, esta última es algo más reciente en el nivel secundario de la provincia. Ahora bien, ¿cuáles son las herramientas digitales utilizadas por directivos, docentes y estudiantes en ambos niveles? ¿cómo viven el proceso sus protagonistas y qué pros o contras observan y atraviesan? 

La situación de incertidumbre que están viviendo estudiantes y profesores de todos los niveles parece incomparable con algún hecho del pasado. ‘No estoy aprendiendo porque no estoy teniendo clases presenciales’, dice un estudiante del último año del secundario. Mientras que una estudiante de la Tecnicatura Universitaria en Gestión de Políticas Públicas (TUGPP) dice que el cursado virtual le produce una ‘preocupación extra, genera estrés y tensiones en las y los estudiantes (..) tener que aprender con escasas explicaciones y muchas exigencias’. Estas angustias y sensaciones de presión son compartidas por profesores de todos los niveles: ‘pienso que la educación, cuando la situación se normalice, no debería ser sólo virtual’ asegura una docente de escuela secundaria y  ‘ya no sabemos ni qué hora ni día es, nos la pasamos mediando materiales, buscando alternativas, peleando con y contra la tecnología’ reflexiona una docente de nivel universitario.

El confinamiento nos permite observar que la institucionalización de la virtualidad en las escuelas secundarias está recién acentuándose con la implementación de Google Clasroom, Google Drive, la creación de algunas plataformas web, etc. Un antecedente muy reciente de este incipiente proceso puede ser el sistema Gestión Educativa Mendoza (GEM), que en un principio su fin era para la asistencia y posteriormente se agregó la opción de subida de notas para facilitar la información a padres sobre el rendimiento académico de sus hijxs. Sin embargo, en este nivel, no existía hasta el momento un dictado institucionalizado de clases, consultas, actividades y posterior correcciones de manera virtual. 

En cambio, en la educación superior universitaria, existen hace años cátedras, cursos y talleres que se dictan de manera 100% digital e incluso existen normativas (caso UNCuyo) que promueven la virtualización de la educación. Creemos que esta institucionalización virtual junto con el aislamiento social han permitido a las instituciones de nivel superior dar pasos más lejanos como lo son, por ejemplo, el dictado de clases a través de plataformas de videos como Zoom y Skype, e incluso tomar exámenes de esta manera. En una entrevista realizada el año pasado, en el marco del Programa Cátedra Investiga “Temporalidad y atención: transformaciones en los procesos de enseñanza-aprendizaje en el marco de la virtualización de la UNCuyo”, la misma docente universitaria entrevistada recientemente ya dejaba entrever el rol central de la virtualidad en los procesos enseñanza/aprendizaje en la universidad:

‘Creo que hoy en día tenés que saber hacer esas cosas (virtuales) como docente... tenés que saberlo. No podés no saber cómo armar un aula virtual porque es como una condición para ser docente hoy en día’.

Por su parte, una estudiante preuniversitaria (que estudia en un co-studying privado) vivencia la virtualidad de una manera similar. El instituto al cual asiste es, de cierta manera, “pro-tecnología” y “pro-virtualización de la educación” debido que ya contaba con diferentes estrategias online en su cursado normal. Entre ellas, podemos destacar a ciertos videos explicativos ante la presencia de lxs profesorxs en el aula. Sin embargo, con el confinamiento, se han virtualizad
o al 100% las clases con videoconferencias por Zoom durante todo el horario de cursado.  Aquí también la estudiante en cuestión comparte las dificultades que se le presentan a la hora de las clases virtuales: 

'Me es más difícil ya que me produce nervios al hablar por cámara o preguntar cuando algún ejercicio no me sale, cuando antes en clases se daban cuenta si alguien necesitaba ayuda'.

A pesar de las diferencias que existen entre los diferentes niveles, hoy sus protagonistas comparten las consecuencias estresantes de la virtualización de la educación y la preocupación de volver a lo que ellos definen como “lo humano”: la presencialidad. En el presente artículo, sólo nos centraremos en los niveles secundario y universitario por cuestiones metodológicas pero la situación de angustia e incertidumbre es también compartida en el nivel preuniversitario.


La importancia de la corporalidad en los procesos enseñanza/aprendizaje
‘Saber que enseñar no es transferir conocimiento, sino crear las posibilidades para su propia producción o construcción’, es la premisa central de la propuesta de Paulo Freire, pedagogo y filósofo brasileño, que se opone a la memorización mecánica y a un papel distante entre el profesor y sus alumnos. Creemos que estos últimos dos aspectos se han transformado, con el confinamiento y su consecuente virtualización, en el “copiar/pegar” que pueden generar las tareas virtuales y en la inexistencia de la presencialidad en las aulas. 

Hoy la pandemia por COVID-19 y su aislamiento social obligaron a que escuelas y universidades cierren sus puertas. Esta situación conllevó a que las instituciones educativas comiencen a aplicar (caso escuela secundaria) o incrementen (en el caso de las universidades) el uso de diferentes herramientas virtuales para el dictado de clases.

En las escuelas secundarias parecen ser los grupos de WhatsApp por materia, curso o profesores las herramientas utilizadas para “lo más urgente y espontáneo” como lo pueden llegar a ser dudas, consultas, devoluciones entre profesores, alumnos y directivos. Esta situación genera un estrés permanente tanto en estudiantes como profesores, y se les presenta la obligatoriedad de estar conectados 24/7. En algunos colegios secundarios se llega a tomar asistencia a los estudiantes por WhatsApp o se les solicita a docentes el envío de fotografías "que corroboren que están trabajando". Esta situación resulta totalmente nueva para sus protagonistas, que además deben trabajar con otras herramientas como Google Drive, Google Classroom y en docentes se agrega la carga de notas en el sistema GEM. También es importante destacar que sólo en muy pocas escuelas secundarias se están dictando clases por videollamada en los horarios previstos de dictado de clases. 

Además, las escuelas secundarias no sólo trabajan con sus estudiantes, sino también con sus familias. Y en este sentido, siempre ha sido central el trabajo de profesionales que componen los equipos pedagógicos y psicológicos, quienes también han tenido que virtualizar el acompañamiento correspondiente:

'Las sesiones se realizan por videollamada/llamada, pero en general no se hacen a horarios de trabajo como en el instituto. Las personas cambiaron sus rutinas y a veces contestan al horario que pueden o tienen disponibles los celulares e Internet', observa una Licenciada en Psicología que trabaja desde hace años acompañando a estudiantes y familias desde un instituto secundario de la provincia. Esto demanda a que todxs lxs profesionales del ámbito educativo estén más tiempo conectadxs o atentxs a sus dispositivos, para así poder acompañar en el proceso enseñanza/aprendizaje y sortear las dificultades que pueden presentarse. 

En cuanto a las instituciones de nivel superior, se da una situación similar de virtualización de la educación pero con la gran diferencia que dichas organizaciones educativas ya contaban con plataformas propias para la educación virtual. Es el caso de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo), donde hace años lxs estudiantes cuentan con el sitio UNCUVIRTUAL (http://uncuvirtual.uncuyo.edu.ar/) para el cursado de varias cátedras o Moodle en algunas unidades académicas (Filosofía, Derecho y Ciencias Económicas), con el sistema SIU-Guaraní (de todas las universidades públicas del país) para la inscripción a materias y exámenes, y con uso más cotidiano de algunas herramientas de Google tanto en estudiantes como en profesores. La novedad con el confinamiento obligatorio reside en que se han dado varios pasos más en la virtualización. Cátedras han optado por el dictado de contenidos teóricos por videollamada a través de plataformas como Zoom o Skype. E incluso, algunas facultades están implementando las mesas de exámenes o defensas de tesis por estos medios.

El común denominador de ambos niveles reside a que actualmente se ha incrementado el proceso de descorporalización y el aumento del  “teletrabajo” o trabajo cognitivo (en términos de Bifo Berardi). Se entiende por teletrabajo al trabajo que una persona realiza para una determinada institución desde un lugar alejado de la sede de esta (habitualmente su propio domicilio), por medio de un sistema virtual.

Bifo Berardi en su libro “Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva” plantea que una de las grandes transformaciones que estamos atravesando es el general intellect y su respectivo trabajo cognitivo. En el mismo ‘los trabajadores cognitivos, el cognitariado, sufren una nueva forma de alienación, provocada por la separación de la actividad virtual de su existencia y comunicación corporal’.

Uno de los peligros del teletrabajo/trabajo cognitivo es el trabajo libre que el mismo puede generar. Es decir, las horas extras y/o trabajo no pago a los cuales (en este caso) lxs docentes, personal psicopedagógico y directivxs están expuestos al no estar presente la corporalidad. Además de esta arista que retomaremos a continuación, es importante recordar que las plataformas virtuales que utilizamos obtienen los datos de lxs usuarixs y monetizan esa información. Nosotrxs aceptamos en los famosos contratos de “Términos y condiciones” algunos accesos sobre nuestra información: edad, ubicación, género, etc. Estos datos y otros son hoy la materia prima de Google, Facebook y demás medios virtuales. Las recientes plataformas también siguen la misma lógica. De hecho, un caso polémico fue el de Zoom, cuando una compañía de ciberseguridad (Cyble) alertó sobre más de 500.000 cuentas de sus usuarixs en venta en lo que se conoce como la “Dark Web”.  

El hecho de estar utilizando múltiples y numerosas plataformas, ha generado un considerable estrés tanto de estudiantes como profesores. En el caso de profesores, sienten que su horario laboral se ha incrementado notablemente:

Debo reconocer que según mis cálculos estoy trabajando el triple de lo que lo haría habitualmente, con mis horarios de trabajo. Si bien los docentes siempre tenemos trabajo para realizar en nuestros hogares, hoy la verdad esto se ha triplicado’, afirma la docente de educación secundaria entrevistada. Esta sensación es compartida por profesores universitarios: “Para mí, el no poder desconectarme nunca, me cuesta un montón. A veces recibiste mensaje preguntando un domingo a las 2 de la mañana (...) Si no le pones un límite, vivís pendiente y trabajás las 24 horas al día”, sostiene la profesora de nivel superior.

Lxs docentes sienten que su tiempo libre se ha reducido considerablemente y el hecho de percibir que no llegan a cumplir con todas sus actividades les produce una constante sensación de estrés, nerviosismo y sobreexigencia que podemos atribuir en algún aspecto a la explotación 24/7 de nosotrxs mismos, de la lógica de la subjetividad neoliberal:

‘No tenemos horas del día que no estén atravesadas por montones de correcciones, reuniones virtuales, consultas por todos los medios imaginables, contención psicológica a distancia que también nosotrxs necesitamos’, comenta la profesora universitaria respecto a sus labores docentes actuales.

También sienten que su celular, principal dispositivo para la ejecución de tareas, ya es una extensión más de su cuerpo:

‘Esto (confinamiento) nos obliga a los docentes a estar permanentemente atentos al celular, que ya parece como un tercer brazo más (risas)’, sostiene la docente de educación secundaria. 

Dicha expresión nos recuerda al concepto de cyborg de la autora Donna Haraway (1995), que define a dicho concepto como un ser fusionado-confundido entre hombre-máquina que no necesita de distinciones. Este concepto, es un rechazo a los límites rígidos, especialmente aquellos que separan lo humano-animal y lo humano-máquina. Estas sensaciones de estrés de ser unx con sus respectivos smartphones y estar pendientes todo el tiempo de sus notificaciones son compartidas también por los estudiantes: 

‘Esta situación (virtualización de la educación) me produce cansancio y un estrés importante... estar todo el tiempo pendiente del celular, de ver si subieron algún práctico nuevo, de no entender...Y encima no aprender de la misma forma causa un poco de frustración’, sostiene el estudiante secundario entrevistado.

Cabe recordar que por las características esenciales del teletrabajo y (teleestudio en el presente caso), no todos los empleos pueden adaptarse a la modalidad virtual. En el caso de la educación resulta conveniente destacar que según el Ente Nacional de Comunicación (ENACOM), en Mendoza el 60% de los hogares no tiene acceso a Internet fijo. En la provincia docentes y estudiantes poseen realidades sociales muy diferentes y diversas a lo largo del territorio, producto de las mismas desigualdades socioeconómicas del capitalismo cibernético. 

Frente a esta situación, desde los gobiernos e instituciones educativas se están buscando diversas estrategias de acompañamiento. La Universidad Nacional de Cuyo inició “UNCUYO Reconecta”, campaña que ‘promueve la donación de netbooks, notebooks y Tablets en desuso, que retirarán a domicilio y entregarán a estudiantes que hoy no pueden cursar por no tener computadoras’. La preocupación por la situación económica que ha generado la pandemia y por las crecientes desigualdades sociales puede verse también en el discurso de la estudiante universitaria entrevistada:

‘Las y los estudiantes (...) tenemos que resolver problemas por la pandemia como son el desempleo, crisis económica, preocupaciones mentales y tener que aprender con escasas explicaciones y muchas exigencias’.

En la misma línea que la UNCUYO, la Dirección General de Escuela (DGE) lanzó “Tu ayuda nos conecta” que apunta a la donación de celulares o dinero para la compra de dispositivos, para aquellas familias que no poseen ningún smartphone en sus hogares. La realidad económica con el confinamiento afecta a los grupos familiares de diversas formas. No todxs lxs trabajadorxs han tenido la posibilidad de realizar el aislamiento social, obligatorio y preventivo ya que varixs han sido efectuados con el correr de los días o han tenido que salir igual a trabajar debido a su estado de extrema vulnerabilidad. 

Además de una clara barrera económica, creemos que resulta conveniente preguntarnos si la educación concebida como un proceso enseñanza/aprendizaje se puede “teletransformar” evitando la corporalidad:

‘Considero muy mala la forma 100% virtual y por lo tanto considero que no estoy aprendiendo como lo haría en una clase presencial. No estoy aprendiendo porque no estoy teniendo clases presenciales’, afirma el estudiante de 5° año del secundario entrevistado, quien concibe a la corporalidad como una característica necesaria para aprender. Los procesos cognitivos, de atención y aprendizaje no siempre responden a las lógicas y a los tiempos preestablecidos por los algoritmos. La estudiante de nivel superior, por su parte, hace énfasis en el desfase aquí y ahora que puede generar la virtualidad y en los problemas que se les presentan a lxs estudiantes frente a los tiempos y tareas delegadas:

‘Los y las profesoras al no tener contacto físico con lxs estudiantes planifican sus clases en virtud de sus comodidades y no contemplan la situación de los estudiantes. Además de que el intercambio cuesta que sea recíproco ya que nos respondemos mails cada 3 días’

Por último y no menos importante, en la presencialidad educativa se dan diferentes situaciones que hacen a una cotidianidad afectiva en las relaciones estudiantes/estudiantes, profesores/profesores y estudiantes/profesores:

‘Hoy nos falta ese contacto que sólo lo da el contacto físico del espacio del aula. En ese espacio yo puedo escuchar el momento ese ‘no entiendo profe, no voy a poder hacer esto’ y estamos ahí juntos para intentarlo (...)  Me resulta muy frío el contacto virtual, a través de un mensaje, a través de un teléfono… (...) El cariño y la contención, esa empatía y ese vínculo, lo crea el contacto del aula’, expresa la docente secundaria que sostiene que la virtualidad, consecuente del confinamiento, no permite este lazo. 

‘Contamos los días para volver a las aulas y conocernos en persona con nuestrxs estudiantes’, manifiesta por su parte la profesora de nivel superior, quien aún no ha tenido la posibilidad de tener clases presenciales con sus estudiantes debido a que el confinamiento comenzó antes del inicio del ciclo lectivo universitario 2020.

Las aulas, principales escenarios físicos del sistema educativo en general, permiten un tipo de contacto afectivo fundamental en el proceso enseñanza/aprendizaje ya que el mismo abarca mucho más que contenidos teóricos o prácticos de los espacios curriculares en cuestión. Dejar de concebir a la educación como lo hace el paradigma de la educación bancaria, implica entender que (como personas que somos) las emociones y sentimientos son parte de nuestras construcciones personales:

‘El aula presencial cumple ese rol tan esencial del contacto humano y personal con cada alumno, donde podemos ver sus caras, donde podemos ver sus reacciones, donde podemos ver si están motivados, tristes, alegres, desganados… Al poder observar eso, tenemos la posibilidad de preguntar, de indagar, de descubrir. Porque el aula muchas veces es un ámbito también que ellos tienen para expresar si tienen algún problema y pueden confiar en nosotros. Eso lo virtual no lo permite, con lo virtual se pierde’, dice casi entre lágrimas la profesora de educación secundaria.


Conclusiones 
El confinamiento por la pandemia implicó que varias aristas de la vida social sufrieran numerosos cambios, entre ellos el aumento de virtualización y una creciente descorporalización. Una de las grandes actividades que vivió estos aspectos es la educación. Mientras que el sistema universitario ya contaba con una institucionalización de la virtualización educativa, el nivel secundario ha tenido que resolver de una manera rápida y espontánea el proceso enseñanza/aprendizaje para intentar no perder las clases. Sin embargo, ambos niveles sufren las consecuencias de la virtualización de la educación.

De estos primeros acercamientos podemos llegar a la conclusión de que tanto para alumnxs y profesorxs, de ambos niveles, la educación a distancia y virtual está llena de nuevos desafíos y problemáticas.

En el caso de lxs estudiantes secundarios/universitarios los problemas residen en una escasez o falta de recursos digitales y/o dificultades de tipo pedagógicas que hacen sentir a lxs mismxs una constante desesperación y ansiedad. Mientras que lxs profesores, directivos y equipos psicológicos/psicopedagógicos han tenido que enfrentarse no sólo a nuevas herramientas  digitales, sino también a estar más pendientes de los dispositivos por la demanda de densidad de trabajo que deben realizar. La preocupante consecuencia de esto es el trabajo extra y la angustia que el mismo puede generarles. 

Si bien para sus protagonistas parece ser muy molesto y deshumanizante el formato de la educación digital, mientras dure el confinamiento seguirá evolucionando (junto a nuevas plataformas que seguramente irán apareciendo). Con el correr de los meses, el proceso de virtualización de la educación puede seguir siendo molesto tanto para estudiantes como docentes, o bien puede llegar a ser bien recibido por las instituciones que cada vez apuestan más al teletrabajo. 

Cabe preguntarse, entonces, por el proceso enseñanza/aprendizaje. ¿Puede virtualizarse por completo la educación? Las primeras respuestas indicarían la negativa. La falta de corporalidad y de la presencialidad humana parece transformar al proceso educativo en un mero sistema de traslado de información de profesores a estudiantes, sin un razonamiento debido a la falta de discusión, debate y ejercitación. 

Bibliografía:
BERARDI, FRANCO (2017). Fenomenología del fin. Sensibilidad y mutación conectiva. Buenos Aires: Caja Negra.

HARAWAY, Donna (1996). Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza. Madrid: Ediciones Cátedra.

FREIRE, PAULO (2008). Pedagogía de la autonomía: Saberes necesarios para la práctica educativa. Buenos Aires: Siglo XXI Editores.



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