¿Qué pasaría en un mundo sin likes?

Por Josefina López Mallea y Rocío Malnis



La búsqueda de validación de les otres no es algo nuevo. Como seres sociales, tenemos la necesidad de ser aceptados y convivir en grupos. Sin embargo, la cultura de la conectividad transformó esta necesidad de pertenencia e inclusión grupal de una manera más “cuantitativa”, a través de los likes.

La necesidad de ser aceptades por les demás estuvo, está y estará (más o menos, dependiendo la persona y la etapa de su vida) presente en todes. Ser parte de un grupo y ser validades son sentimientos que buscamos a lo largo de la trayectoria de nuestra socialidad.


Por ello, varios factores entraron en juego en las lógicas de redes sociales como Facebook e Instagram. Y ni hablar en apps de citas como Tinder o Badoo, que se centran directamente en la “gustabilidad” de les otres hacia nuestra persona.


El principio de popularidad, tan propio del neoliberalismo y tan cuantitativo, nos llevó a reducir la sensación de aceptabilidad a la cantidad de likes que podemos recibir. ¿Y si un día los likes dejaran de existir? ¿o si nos levantamos y ya nadie pudiera valorar ninguna acción, argumento, estética de nadie más? 


Es que hoy día un like, un me gusta, corazón o favorito (dependiendo de la red social de la que se trate), representa un valor positivo de parte de alguien para con nosotres. En este sentido, mientras más “likes” consigamos, parece ser que mejor nos sentiremos. 


Ser aceptades y querides por les demás no debería reducirse de esta manera. Pero, ¿qué pasa cuando no conseguimos los corazones que deseamos? ¿qué nos genera ver cuántos likes reciben las otras personas?


Instagram está haciendo pruebas para eliminar el número total de “me gustas” de las publicaciones. Algunes usuaries han notado cómo los likes han desaparecido de tus fotos y también de los de las personas que siguen. Esto es así porque Ia red social continúa con sus tests.


Sin embargo, la queja de varios perfiles ha demostrado la peligrosa obsesión de la cultura de la conectividad por la métrica de la gustabilidad. Cabe plantearse hasta dónde llegará esta cuantificación de la “aceptabilidad”.


Si bien a simple vista esta acción fue pensada para terminar con la tiranía del me gusta (y destruir las acciones exageradas que realizan les usuaries para gustar más que les demás), deberíamos pensar cuál es la verdadera razón por la que una red social que se basa en la cuantificación y las métricas elimina el instrumento más claro que tiene para medir.


Tal vez se trata de mejorar la calidad de los contenidos, así como afirmó el propio Instagram. Pero sabiendo que ninguna corporación tiene fines totalmente honestos, quizás se trate de otra estrategia comercial pensada para que los perfiles deban moverse más para sentirse gustades. 


Compartir las publicaciones, pagar publicidades como garantía de que será masivo el contenido, entre otras herramientas marketineras creemos que pueden ser los fines capitalistas ocultos.


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